21/04/2011

Navarro Correa

El agua no tuvo suerte…

    Ella le preparó una cena perfecta, sirvió una comida elaborada que le había costado horas, no como esos inventos rápidos para salir del apuro que él tanto odiaba. Su esposo, un prestigioso abogado, llegó conmigo como sorpresa. Sí, me compró a mí, un Navarro Correa, para darle el toque final a la velada. Se perfumó, se vistió con su mejor camisa y eligió la corbata que a su esposa más le agradaba. Ella limpió la casa todo el día y luego, cuando faltaba poco para que todo se terminara de cocinar, se dio una ducha que renovó y refrescó su cuerpo cansado. Se vistió de forma seductora, con un vestido azul. Aquel que su marido le había regalado hacía tiempo. Sirvió la cena y esperó ansiosa a que saliera de la habitación.
    La pareja no venía bien, pero él le había prometido un cambio y ella confió y dio todo de sí para que esa noche fuera perfecta. Y si lo amaba a pesar de todo…
Se sentaron y comieron entre sonrisas y halagos que la sorprendieron. Hablaron del trabajo, las noticias, musica, el pasado, el presente y el futuro. Él le dijo que quería un hijo para que llevara su apellido y tuviera su misma vida profesional. Tomó su último sorbo de vino y se sirvió un poco más, dejando apenas menos de medio vaso en la botella. Le preguntó a su esposa qué pensaba. Ella le dijo que sí, pero que primero deseaba tener una niña. E irremediablemente el machismo salió a la luz. La mujer pensó que se pasaría rápido, engañándose a sí misma, porque sabía bien que su locura era repentina, incoherente y duradera. En pocas frases, su esposo degradó al sexo femenino y a su “pensamiento estúpido sacado de un cuento de Disney”. Ella intentó decirle que también quería un varón, pero que, de todas formas, no sería elección de ellos, sino azar de la naturaleza. Él aflojó el nudo de su corbata y empujó la botella de Villavicencio al suelo. El agua no tuvo suerte y se estrelló contra el piso perfumado que ella había limpiado por la tarde. La mujer se sobresaltó y todos sus sueños se suicidaron, cayendo junto al agua recién derramada. Todo había vuelto a la normalidad y la rutina se apoderó de la noche. El hombre se levantó de golpe, cerró sus puños y comenzó a caminar de un lado a otro. Sin delicadeza le exigió que limpiase el desastre que él había provocado. Cuando su esposa comenzó a mover la escoba, él se la quitó bruscamente y le agarró de un brazo marcando su delicada, pero ya maltratada piel. La sacudió, insultó y trató de inútil por no saber ni siquiera barrer. Ella temblaba y, de a poco, comenzó a llorar. Su esposo le dio un fuerte golpe en la mejilla y la empujó, haciendo que cayera sobre un pedazo de vidrio que cortó su mano. No pudo ni levantarse siquiera…
    Y yo estaba allí, contemplando todo. Ella sabía que las promesas eran falsas y que “el prestigioso abogado” jamás cambiaría. Sus sueños habían desaparecido una vez más, cediéndole el lugar a sus miedos. Y yo, lleno de lágrimas que se mezclaban con mi alcohol, quedé encerrado en esa botella, esperando no ser estrellado contra el sueño, deseando que alguien, alguna vez, me rescatase de esa prisión en la que sólo podía ver tristes imágenes borrosas debido al vidrio empañado de la botella con la etiqueta que decía: Navarro Correa.

01-02-11

3 comentarios:

  1. HOLA, BONITA. JAJA UNA BUENA HISTORIA CONTADA POR UN BUEN VINO.. SI NO TE IMPORTA, VOY A SENTARME EN LA PLATEA DE TUS SEGUIDORES PARA PODER VER MÁS DE CERCA LO Q’ TIENES PARA DECIR ..

    P.D. EL PRÓXIMO 31 DE OCTUBRE TE ESPERO EN “EL HECHIZO” ;)
    BESO.

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  2. Hello my friend! I have been visiting your blog. Very understandable , simple and elegant. Congrats for your work. Visit me too. I wish a excellent tuesday for you, with very smiles and peace! Thanks for sharing!

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  3. P.D. GRACIAS POR VISITARME EN “EL HECHIZO” .. EL PRÓXIMO 31 DE OCTUBRE TE ESPERO ALLÍ
    BESO
    :x

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